|La ilusión de ser lo que decimos|

A propósito de Morder la Lengua, por Marcelo Díaz.

Hemos heredado una lengua.
Lo heredado nos desborda y desde ese desborde intentamos un borde, una posible frontera
Junto con las palabras heredamos un orden
Y con ese orden intentamos un teatro o al menos unas escenas
Y junto con la lengua y casi en unísono heredamos las cosas
Y las palabras que nombran las cosas, nombran algo más que las cosas que nombran
Oculto, indómito, innominado
El mundo de las palabras se aleja, se acerca, repele, atrae al mundo de las cosas
Y viceversa
Sin reversa
Como en un diálogo sordo, un soliloquio, un cortocircuito
Un eslabón perdido, otro teatro
El de las acciones, actos irremediables que ponen cuerpo entre las cosas y las palabras
Cuerpo solitario en vano intento lógico, en vana pretensión de transparencia
Una lengua que se nos hereda apetecible, infinita, nutritiva revelada poco a poco como la granada fruto que deja el árbol ya madura y estalla (como la otra armamento) sobre el césped que crece al pie en sangre simulada
Una lengua que muere a cada paso
Un tupi que renace a cada instante
La posibilidad de ser recuerdo en algún instante lejano del minuto siguiente
Las cosas que existen y las que no existen todas tienen palabras que no existen
Todo tiene su palabra
Nada tiene cuatro letras como dios (aquel monosílabo de Yourcenar)
La lengua, esa herencia con la que pagamos el precio de la mínima posibilidad inestable de cordura, sólo admite ser mordida, sólo esto… para quebrar apenas una pequeña hendija en el silencio…
Y luego del mordisco, la ilusión de ser lo que decimos.



BRASIL SA, 2013.
AMOR, PLÁSTICO E BARULHO, 2013.
SENHORA DOS AFOGADOS, 2000.
SANDCASTLE, 2007.